lunes, 1 de febrero de 2010

Paul Klee

A pesar de haber nacido en el cantón de Berna y de que en sus últimos años solicitó y obtuvo la nacionalidad suiza, Paul Klee era alemán. Esa era la nacionalidad de su padre, Hans Klee, músico y profesor de la escuela estatal de Berna, en Hofwil, adonde se trasladó al casarse con una estudiante de canto nacida en Basilea. La tradición musical de su familia pesó extraordinariamente en la formación del joven Paul, que comenzó a tocar el violín a los siete años y a los once era ya miembro extraordinario de la orquesta de la Sociedad Musical de Berna. Su opción por la pintura y el dibujo hay que entenderla como una liberación de la idea de continuidad cultural que representaba la música en su familia. Klee siguió siendo un excelente violinista hasta su muerte, aunque nunca se interesó por las corrientes musicales de vanguardia representadas por Schönberg, a quién conoció en Munich, ni por las conexiones de música y pintura tan importantes para artistas cercanos a él como Kandinsky.

Su biografía artística se inicia en Munich, donde empieza a estudiar pintura en 1898. Dos años después ya está en la clase de Franz von Stuck, en la Academia, y su vida se reparte entre la casa familiar en Berna y la capital bávara. Viaja a Italia y a París, fundamentando así sus conocimientos sobre arte antiguo y moderno. En 1906 se casa con Lily Stumpf, una pianista a
la que había conocido siete años antes. Klee se sumerge en la activa vida artística de Munich, donde todas las tendencias modernas conviven con el Jugendstil, el modernismo alemán. Estas influencias se reconocen en el predominio de lo lineal y gráfico en su obra temprana, constituida por aguafuertes y pinturas sobre vidrio que suelen presentar seres fantásticos y figuras deformadas de modo caricaturesco y expresionista.

Será en 1911 cuando entro en contacto con August Macke y Wassily Kandinsky, promotores, junto con Franz Marc, de El Jinete Azul. De este grupo nacerá la abstracción de Kandinsky, pero la participación de Klee, más joven y menos maduro artísticamente que sus colegas, fue modesta: sólo expuso en la segunda muestra del grupo, en 1912, y su contribución al famoso Almanaque, editado ese mismo año, se reduce a un pequeño dibujo. La verdadera explosión de Klee como pintor se produce en 1914, a propósito de un breve viaje a Túnez en compañía de su amigo Louis Moilliet y de August Macke.Allí aprenderá a construir el cuadro a partir del color, superando el estadio fundamentalmente gráfico en que se había movido hasta ahora. La Primera Guerra Mundial no interrumpe su carrera; aunque se le llama a filas, no se incorpora hasta 1916, y siempre en cómodos puestos de retaguardia. Su obra, de hecho, conoce un rápido éxito comercial durante los años de la Guerra, y corre mejor suerte que la de sus amigos Marc y Macke, caídos en el frente.

Después de la guerra participa de forma activa en el Consejo de Artistas de la efímera república comunista proclamada en Baviera. Esta breve experiencia le acerca a las posturas que reclamaban el protagonismo de los artistas modernos en la formación de artesanos y profesionales dedicados a la producción de objetos de uso. No es de extrañar que acepte la oferta que se le hace en 1920 para enseñar en la Bauhaus, a la que permaneció vinculado hasta 1930 en Weimar y Dessau.


Allí profundiza sus relaciones con Kandinsky y Jawlensky, que junto con él y Lyonel Feininger forman Los Cuatro Azules, denominación bajo la que expondrán sus pinturas en alguna ocasión. El periodo de la Bauhaus contribuye a sistematizar su lenguaje pictórico y le brinda la oportunidad de conocer a numerosos protagonistas de la vanguardia histórica europea. Klee puso siempre por delante la dedicación a su obra respecto a la docencia, lo que acabó creándole ciertas tensiones en el seno de la Bauhaus. En 1931 aceptó una plaza de profesor en Dusseldorf más cómoda y convencional, pero dos años más tarde las autoridades nacionalsocialistas lo destituyen, tras motejarlo de "artista judío".

Empieza entonces una verdadera persecución, que incluye un registro de su antigua vivienda en Dessau y la retirada de su obra de los museos alemanes. Su galerista de entonces, Alfred Flechtheim, sufre también persecución por judío y se ve obligado a rescindir el contrato con Klee, de cuya obra pasa a ocuparse entonces D. H. Kahnweiler, el marchante alemán instalado en París que había promovido el cubismo de Picasso y Braque años antes. Klee y su familia se refugian en Berna, pero tampoco encuentra allí grandes facilidades; la difamación nazi y cierta reputación de artista radical no le allanan el camino para obtener la nacionalidad suiza, cuyos penosos trámites aún no estaban ultimados a su muerte.

Contra la enfermedad

En 1936 se le diagnostica, además, una esclerodermia, enfermedad degenerativa que acabará por llevarlo a la tumba. Con pequeños altibajos, si tenemos en cuenta los múltiples contratiempos, su producción continúa a buen ritmo. Algunas obras aluden a la hostilidad de los tiempos, pero dominan los cuadros en los que el color y el componente gráfico se aúnan en característicos pictogramas que guardan cierta similitud con los jeroglíficos. En Alemania las cosas empeoran; aunque la difusión de su obra en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos crece de forma imparable, los nazis incluyen una buena representación de sus dibujos y pinturas en la exposición Arte degenerado, de 1937. Los últimos cuatro años de su vida son una lucha constante contra las dificultades burocráticas y contra la enfermedad, que acaba por vencerlo en un sanatorio de Locarno en 1940.

Sus cenizas no podran reposar en el cementerio de Berna, su ciudad natal, hasta seis años más tarde, tras la muerte de su mujer.