lunes, 18 de mayo de 2009

Escultura española del primer tercio del siglo XX

A principios del siglo XX en la escultura española encontramos dos activas generaciones de escultores realistas. Mariano Benlliure siguió ofreciendo en su numerosísima obra el exhaustivo catálogo de técnicas y materiales de los que hizo gala. Aniceto Marinas desplegó en sus obras repertorios anecdóticos con otros más contenidos y discretos.
Entre los modernistas sobresalen varias figuras. Josep Llimoná evoluciona hacia formas más plenamente modernistas con resabios rodinianos; su obra decorativa, retratística, religiosa o funeraria muestra la red de impactos plásticos que asumió. Miquel Blay consiguió sus mejores obras en monumentos de toques rodinianos y obreristas, quintaesenciada articulación de arquitectura y complejos repertorios simbólicos del modernismo. Paco Durrio sintetiza en París de los resortes del simbolismo y el modernismo.
Entre 1918 y 1936 se desarrolla la llamada Edad de Plata de la cultura española. En esta etapa encontramos importantes escultores. Josep Clará recogió la bandera mailloliana creando su prototipo humano sólido y macizo, no ajeno a su devoción griega, rompiendo con los cánones del realismo y modernismo al uso. Apeles Fenosa enlaza con los círculos parisinos que llevarán a su obra hacia un mayor primitivismo lírico. Victorio Macho se inserta en un precoz realismo para establecer luego volúmenes cada vez más sobrios.
Mateo Inurria produjo en los últimos años de su vida obras excepcionales en limpieza de volúmenes y refinamiento. José Capuz combinó los más variados influjos, para luego resumirlos en macizos volúmenes de arcaísmo mediterráneo. La obra escultórica de Pablo Picasso está intrínsecamente trabada en sus otras actividades plásticas, siendo frecuente que la escultura sea banco de experimentación para sus otras aventuras plásticas.
Pablo Gargallo explora las posibilidades de la plancha metálica recortada, a la que extrae un repertorio de matices que, partiendo de lo cubista, llega a lo expresivo. Julio González trabaja en planchas recortadas de hierro y otros metales tratados artesanal e industrialmente, lo que le permite crear una obra donde coexisten el surrealismo expresivo hasta casi convertirse en abstracto, con lo naturalista y popular.
Manolo Hugué nos dejó una obra grácil y sólida, nueva y clásica, realizada en terracota casi siempre, en la que priman los tipos populares. Alberto Sánchez es la figura más profunda de la vanguardia de corte surrealista, nada superficial ni efectista, que busca su inspiración en las esencias populares y orgánicas. Influido primero por lo futurista, Angel Ferrant se pliega luego a lo africano y neocubista, así como a lo noucentista y art-decó para integrarse después en las vanguardias surrealista y geométrica.

Evolución de la escultura clásica

La época dorada de la escultura griega corresponde a los días de Pericles, la segunda mitad del siglo V a.C.
Mirón será el maestro interesado por el cuerpo humano en movimiento como se puede apreciar en su Discóbolo. El escultor nos presenta a un atleta en el momento de lanzar el disco, inclinando su cuerpo violentamente hacia delante, en el límite del equilibrio, y elevando su brazo derecho al tiempo que gira su cuerpo apoyado sobre su pierna derecha.
Policleto está preocupado por las proporciones del cuerpo humano y es el autor del "Canon". En el Doríforo podemos comprobar que la cabeza es la séptima parte del cuerpo humano; el arco torácico y el pliegue inguinal son arcos de un mismo círculo; y el rostro está dividido en tres partes correspondientes a frente, nariz y la distancia de ésta al mentón. Se trata del prototipo de cuerpo varonil perfecto, elegante, sin formas hercúleas pero sin afeminamiento.
Fidias es el conquistador de la belleza ideal, siendo sus personajes prototipos. Sus obras maestras están vinculadas al Partenón y en ellas podemos contemplar su belleza a través de la técnica de los paños mojados.
En el siglo IV a.C. los dioses se humanizan, las formas se ablandan y la pasión se manifiesta en los rostros, gracias, fundamentalmente, a Praxiteles. Los cuerpos de sus estatuas presentan suaves y prolongadas curvas como se observa en el Hermes. Su cadera se arquea para formar la famosa curva mientras que su brazo derecho mostraría las uvas al niño Dionisos.
Scopas es el escultor que mejor interpreta los estados del alma y la pasión. Sus trabajos se agitan con convulsivos movimientos y las cabezas muestran expresiones apasionadas.
Lisipo prefiere proporciones más esbeltas y cabezas más pequeñas, delatando una actitud más naturalista en la que destaca los múltiples puntos de vista.

domingo, 29 de marzo de 2009

El paisaje en los Siglos XIX y XX

En el siglo XIX se produce un importante desarrollo del paisaje como tema pictórico debido al aumento de su demanda por parte del nuevo poder económico, político y social: la burguesía. Los burgueses desean decorar sus casas con escenas placenteras y buscan en el paisaje la temática más indicada para adornar sus salones. A esto debemos añadir la admiración por la naturaleza que se manifiesta en el Romanticismo y que se continuará en las décadas siguientes, lo que conduce a los pintores a tratar el paisaje como una de sus temáticas favoritas.
Friedrich destaca por el tratamiento simbólico que realiza del paisaje. Renovó este género a partir de la ruptura de las convenciones cromáticas y de perspectiva, por lo que su influencia se extiende a movimientos posteriores.
En Inglaterra la pintura de paisaje tendrá un amplio desarrollo. Sus dos piezas clave serán Constable y Turner. Constable es el máximo exponente del naturalismo en el paisaje, interesado por las luces y las atmósferas y uno de los precursores del impresionismo. Turner estará especialmente interesado en los juegos de luz y las atmósferas, llegando a decir algún crítico de él que "Hay un pintor que tiene la manía de pintar atmósferas".
Fue Camille Corot quien se manifestó como el más preclaro representante de este tránsito que va del paisaje clásico al paisaje realista, manteniéndose al margen de todas las escuelas. La gran novedad que aportaron los pintores de la generación realista fue revelar la riqueza del paisaje francés. Quienes llevaron a cabo las principales innovaciones fueron los pintores de la llamada Escuela de Barbizon o de Fontainebleau, una escuela que, desde un punto de vista histórico, está considerada como el fundamento de la representación realista del paisaje y como la precursora del Impresionismo.
Pero será el impresionismo quien aporte la principal novedad respecto al paisaje, ya que este movimiento tiene como objetivo la búsqueda de la luz y el color directamente del natural, a "plein-air" por lo que las pinceladas se hacen rápidas y empastadas, buscando captar la impresión de cada momento.
El interés manifestado por los impresionistas por la luz y el color motivará paralelamente la pérdida de la forma y el volumen. La reacción inmediata viene de la mano de los propios impresionistas, especialmente Cèzanne, quien pretende "hacer del Impresionismo un arte sólido y duradero, como el que se conserva en los museos", considerando que "la forma alcanza sólo su plenitud cuando el color posee mayor riqueza".
Las vanguardias del siglo XX no dejan de lado el paisaje, especialmente los cubistas que buscan en Cèzanne una de sus fuentes de inspiración Apollinaire considera que el cubismo es una pintura productiva: "Lo que diferencia al cubismo de la pintura antigua es que no se trata ya de un arte de imitación, sino de un arte de concepción, que tiende a elevarse hasta la creación". Al tratarse de un arte conceptual el que se realiza a lo largo del siglo XX, la naturaleza dejará paulatinamente de ser fuente de inspiración, aunque encontramos interesantes ejemplos como algunos trabajos de Robert Delaunay, Piet Mondrian, Schmidt-Rottluff o el propio Salvador Dalí, en los que el paisaje ocupa un papel determinante.

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