A TODOS LOS DOCENTES QUE HAN ESTADO PUBLICANDO SUS COMENTARIOS Y ENRIQUECIENDO SU QUEHACER EDUCATIVO, SU SUPERACION PROFESIONAL Y PERSONAL, UN SERVIDOR LES DA LAS GRACIAS POR HACER DE ESTA LABOR ALGO REALMENTE EXITOSO.
PROFR. LEO SIERRA HERNANDEZ.
jueves, 3 de septiembre de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
La escultura barroca
La escultura barroca está caracterizada por la búsqueda del movimiento, el contraste entre las diversas superficies a la hora de buscar efectos lumínicos y la integración en la arquitectura para obtener intensidad dramática. Abundará la escultura religiosa al servicio de la devoción, pero también encontramos estatuas mitológicas, retratos y escultura funeraria.
Bernini es el gran genio de este estilo y su Extasis de Santa Teresa su obra maestra, mostrándonos de manera exquisita la visión de la santa. La Beata Ludovica Albertoni y la Fuente de los Cuatro Ríos son otras de sus magníficas obras.
En la corte francesa encontramos una escultura adaptada a los dictados de la Academia, siguiendo las reglas clásicas e interpretándose de manera clara. Coysevaux y Girardon son los maestros más destacados.
La escultura española en el Barroco está centrada en lo religioso, buscando el dramatismo y el realismo en las estatuas. La madera es el material más utilizado, empleando policromía e incluso postizos como cabello natural u ojos de cristal.
En el foco castellano destaca la figura de Gregorio Fernández, autor que evoluciona desde el idealismo y la elegancia del manierismo hasta formas naturalistas y dolientes. En la escuela sevillana encontramos a Juan Martínez Montañés, artista que valora la anatomía y logra captar la belleza natural, cargada de serenidad, tensión y fuerza interior. Alonso Cano es el gran escultor de la escuela granadina y sus figuras se caracterizan por la gracia y el exquisito cuidado de la talla. Pedro de Mena también es granadino y realiza esculturas que rozan el misticismo, siendo uno de los maestros más hábiles en el trabajo de la madera.
La escultura barroca española se culmina con Francisco Salzillo, quien pone en práctica una escultura cargada de dinamismo y sentimiento, destacando sus sencillas figuras para belén.
Bernini es el gran genio de este estilo y su Extasis de Santa Teresa su obra maestra, mostrándonos de manera exquisita la visión de la santa. La Beata Ludovica Albertoni y la Fuente de los Cuatro Ríos son otras de sus magníficas obras.
En la corte francesa encontramos una escultura adaptada a los dictados de la Academia, siguiendo las reglas clásicas e interpretándose de manera clara. Coysevaux y Girardon son los maestros más destacados.
La escultura española en el Barroco está centrada en lo religioso, buscando el dramatismo y el realismo en las estatuas. La madera es el material más utilizado, empleando policromía e incluso postizos como cabello natural u ojos de cristal.
En el foco castellano destaca la figura de Gregorio Fernández, autor que evoluciona desde el idealismo y la elegancia del manierismo hasta formas naturalistas y dolientes. En la escuela sevillana encontramos a Juan Martínez Montañés, artista que valora la anatomía y logra captar la belleza natural, cargada de serenidad, tensión y fuerza interior. Alonso Cano es el gran escultor de la escuela granadina y sus figuras se caracterizan por la gracia y el exquisito cuidado de la talla. Pedro de Mena también es granadino y realiza esculturas que rozan el misticismo, siendo uno de los maestros más hábiles en el trabajo de la madera.
La escultura barroca española se culmina con Francisco Salzillo, quien pone en práctica una escultura cargada de dinamismo y sentimiento, destacando sus sencillas figuras para belén.
La escultura renacentista
Spengler ha señalado que el Renacimiento ha sido la única etapa de la Historia del Arte occidental en la que la escultura ocupa un lugar preeminente. La cuna de este nueva corriente escultórica la encontramos en Florencia. Sin embargo, la inspiración clásica no implica copia ni reproducción sino recreación, buscando aportar nuevos valores a mármoles y bronces. El naturalismo, la preocupación por la anatomía humana y los estudios de perspectiva son las principales novedades formales de la escultura renacentista. Las figuras se hacen proporcionadas y se fija una canon realista, con dominio espacial en la implantación de la figura.
En Italia encontramos dos grandes etapas: Quattrocento y Cinquecento. En el Quattrocento destacan las personalidades de Lorenzo Ghiberti, autor de las Puertas del Paraíso del Baptisterio de Florencia; Jacopo della Quercia, autor del Sepulcro de Hilaria del Carreto; y Donatello, escultor que aportará gran naturalismo a sus figuras, como observamos en el San Jorge o el David. Verrochio es el creador del monumento al Colleone, una de las estatuas ecuestres más impactantes.
Miguel Angel llena la mayor parte del Cinquecento. Entre sus espectaculares obras sobresalen la Piedad, el David y el Moisés, excepcional muestra de la terribilitá que define los trabajos de Buonarrotti. Cellini, con el Perseo de la Logia dei Lanzi, y Giambologna, con el Mercurio del Bargello, son los dos creadores que acompañan al genio en este siglo.
En la escuela francesa del XVI destacan Jean Goujon, escultor finísimo y elegante, y Germain Pilon, autor del Monumento funerario de Enrique II y Catalina de Médicis.
En España destacan importantes escultores, como Bartolomé Ordóñez, autor del Sepulcro del cardenal Cisneros, o Diego de Siloe y Felipe Vigarny, creadores del retablo de la Capilla del Condestable. Pero las grandes personalidades del XVI son Berruguete y Juni. Alonso Berruguete admiró a Miguel Angel y sus obras se caracterizan por el dramatismo y el sentido del movimiento. Juan de Juni es más reposado, sin renunciar al dramatismo que caracteriza sus espectaculares Santos Entierros.
En Italia encontramos dos grandes etapas: Quattrocento y Cinquecento. En el Quattrocento destacan las personalidades de Lorenzo Ghiberti, autor de las Puertas del Paraíso del Baptisterio de Florencia; Jacopo della Quercia, autor del Sepulcro de Hilaria del Carreto; y Donatello, escultor que aportará gran naturalismo a sus figuras, como observamos en el San Jorge o el David. Verrochio es el creador del monumento al Colleone, una de las estatuas ecuestres más impactantes.
Miguel Angel llena la mayor parte del Cinquecento. Entre sus espectaculares obras sobresalen la Piedad, el David y el Moisés, excepcional muestra de la terribilitá que define los trabajos de Buonarrotti. Cellini, con el Perseo de la Logia dei Lanzi, y Giambologna, con el Mercurio del Bargello, son los dos creadores que acompañan al genio en este siglo.
En la escuela francesa del XVI destacan Jean Goujon, escultor finísimo y elegante, y Germain Pilon, autor del Monumento funerario de Enrique II y Catalina de Médicis.
En España destacan importantes escultores, como Bartolomé Ordóñez, autor del Sepulcro del cardenal Cisneros, o Diego de Siloe y Felipe Vigarny, creadores del retablo de la Capilla del Condestable. Pero las grandes personalidades del XVI son Berruguete y Juni. Alonso Berruguete admiró a Miguel Angel y sus obras se caracterizan por el dramatismo y el sentido del movimiento. Juan de Juni es más reposado, sin renunciar al dramatismo que caracteriza sus espectaculares Santos Entierros.
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